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La villanía es perdonable, la ingratitud nunca

Estando una mañana leyendo los titulares de Barrapunto me llamó la atención una noticia firmada por LinuxMagazine en la que básicamente se pedían articulistas para la edicion en castellano de la revista norteamericana Linux Magazine.

Yo, inocente de mí, envié un correo electrónico a la dirección que aparecía en la noticia expresando mi interés por participar en la creación de algún artículo. Ya tenía en mente varios temas, y entre ellos qmail , del que escribí un único artículo. Os digo sinceramente que mi idea inicial era escribir de forma totalmente desinteresada para Linux Magazine. En la noticia de Barrapunto no se decía nada que me hiciera pensar otra cosa. Campo de Tiro de Ezcaray

A los pocos días recibí una llamada telefónica de un responsable del grupo editorial MegaMultimedia. En esta llamada se me dieron dos noticias: Una buena y otra mala, como en los chistes. La buena era que se me iba a pagar el trabajo que realizara escribiendo el artículo, si es que éste era del interés de esta persona. La mala era que tendría que cumplir una serie de normas aburridas de estilo en la redacción y presentación del artículo. Pensé que una compensaba la otra.

Me puse manos a la obra y preparé un artículo extenso y detallado sobre Qmail, presentándolo como un servidor muy fiable de correo electrónico que podía plantarle cara al archiconocido sendmail. Después de enviarle al editor de la revista un correo electrónico con el artículo vinieron las correcciones y su decisión de dividir el artículo en dos partes (publicadas en dos números diferentes) por motivos de espacio.

Finalmente, un nuevo número de la revista se publicó con el artículo de Qmail resaltado en portada. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y la manzana tenía gusano, o más bien gusanos.

¿Por qué?

En primer lugar, mi nombre no aparecía por ninguna parte, el artículo era anónimo y, de hecho, era el único artículo anónimo de todo el número. Más tarde se justificaron diciendo que era un error de imprenta, lo que creí en su momento. En segundo lugar, el contenido y la estructura de mi escrito habían sido modificados sin previo aviso y sin permiso. Expresé mi descontento pero no sirvió de nada.

En fin, pensaba yo, al menos me darán el dinero que prometieron... y en el siguiente artículo de qmail lo harán todo mejor, ¿verdad? (un laaargo silencio mental) ¿VERDAAAD?

Ingenuos, ingenuos, ingenuos. Nunca recibí una sóla peseta (creo que aún existían) por ese trabajo a pesar de las llamadas de teléfono y los correos electrónicos que envié pidiendo una explicación. Y nunca volví a saber nada ni del editor ni de MegaMultimedia.

Lo peor es que aquí no se acabó la cosa. Al mes siguiente volvió a salir la revista a la calle y, para mi sorpresa, este nuevo número contenía un segundo artículo sobre qmail basado casi completamente en lo que yo había escrito varias semanas antes. Esta vez el artículo sí estaba firmado, pero no por mí.


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